El miedo a la nueva normalidad

Claudia Rivera Marín

Siete meses de confinamiento, parcial o total, es lo que nos ha traído la pandemia. Ya sea por gusto o por necesidad, la población ha salido a la calle —muchos de manera irresponsable—, pues basta ver los periódicos y redes sociales para darse cuenta que el numero de fiestas y reuniones de diversos tipos abunda en la región, lo que hoy nos tiene de nueva cuenta en semáforo rojo.

Así, de botepronto, parecería que a cualquier persona le urge salir con libertad y tranquilidad, dos características que ahora se aprecian y que seguramente antes no tomábamos el tiempo de analizar. Pero resulta que no. Una consecuencia del confinamiento que ya tenemos y al corto plazo se verá con mayor énfasis es, precisamente, el miedo a salir de casa, a retomar las actividades y vida social. El sentimiento descrito es conocido comúnmente como “síndrome de la cabaña”, fenómeno psicológico que se presenta en personas, que, aún teniendo la posibilidad de salir de sus casas, prefieren no hacerlo por temor al contagio. Aún si imagináramos que la situación ha cambiado y que salir representara un riesgo moderado o casi nulo, estas personas seguirán prefiriendo el confinamiento, pues al pasar del tiempo han desarrollado una rutina en casa a la que prefieren ceñirse. Quizás ya se han acostumbrado a la falta de contacto social, a la soledad y también a sentimientos de tristeza o angustia, con los que tienen han convivido por meses.

Este síndrome muestra sus efectos tras periodos largos de confinamiento y presenta síntomas tales como alteraciones en patrones de sueño (siestas numerosas o prolongadas), sensaciones de angustia, frustración y temor, tendencia a episodios depresivos, falta de motivación, desesperanza e incluso ira. Los especialistas no lo consideran un trastorno psicológico, por lo que no se tiene una definición oficial del síndrome. Lo anterior no indica que sea una situación a la que no se le debe prestar atención, sobre todo, porque la contingencia sanitaria no tiene fecha de terminación y aun cuando se tenga la vacuna, se seguirán presentando casos y el riesgo continuará presente.

Para las personas que experimenten este síndrome, su casa representa el medio ambiente seguro que se resisten a dejar.  El pasar los momentos de confinamiento en completa soledad puede causar un posterior rechazo al contacto social, especialmente en grupos grandes: eventos masivos, uso del transporte público, asistencia a lugares concurridos ya sea tiendas, iglesias, museos y más. El sitio web del Servicio de Salud O’Higgins del Gobierno de Chile, menciona en un artículo la declaración de la psicóloga del Programa de Salud Mental del Hospital de Litueche, Consuelo Slavic, quien explicó que “en este síndrome la emoción dominante es el miedo, puesto que la pandemia es incierta, amenazadora y escapa de nuestro control generando impotencia e incertidumbre, para así culminar con la sensación de temor. Sin embargo, no debe ser visto como algo perjudicial puesto que esta emoción puede funcionar de manera positiva”. Lo anterior podría lograrse si este sentimiento lleva a las personas a adoptar actitudes y medidas de prevención, aun cuando se vaya observando una disminución de casos o incluso, la aparición de la vacuna.

También la sobre exposición a todo tipo de información a través de diferentes medios contribuye de manera significativa a la aparición y permanencia de este síndrome, ya que si continuamente estamos conectados a noticias alarmantes —aun siendo ciertas—, se detona una creciente angustia y miedo al exterior, que quizás en determinados momentos sea útil, pero también puede causar dificultad del individuo para lograr una adaptación a la nueva realidad.

Es tiempo de solidaridad, de respeto y ayuda mutua. Nuestra entrada a la “nueva normalidad” debe implicar una empatía con el otro, con sus sentimientos, con aquellas situaciones que ha vivido a consecuencia de la pandemia; quizás la pérdida de un ser querido, el cierre de su negocio, estragos del virus en su propio cuerpo, e incluso, tener miedo a la realidad.

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