Sabina, un gato de muchas vidas

Laura Elena Parra López

Como sabemos, la vida humana es frágil, y de hecho podemos morirnos de miles de formas distintas, algunas de ellas muy simples; sin embargo, existen personas que son como aves fénix o gatos: resurgen de sus propias cenizas o parece que tienen muchas vidas. Una de ellas es Sabina, el de los 19 días y 500 noches, quien ha salido adelante de varias enfermedades y accidentes y hace un par de meses, una vez más, libró las misas de difuntos a las que no es muy afecto al caer del escenario que compartía con Serrat en el WiZink Center de Madrid.

Joaquín Ramón Martínez Sabina nació el 12 de febrero de 1949 en Úbeda, Jaén, España. Su padre, Jerónimo Martínez Gallego, era policía, y su madre, Adela Sabina del Campo, ama de casa. Estudió en la Facultad de Filosofía y letras de Granada, es cantautor, pintor y poeta. Durante su vida, aunque lo niega todo, ha experimentado, quizá en exceso, las drogas, el alcohol, el sexo y el rock and roll.

Desde que era estudiante de Filología Románica se decantó por ideas de izquierda que le provocaron serios problemas en la última década de la era de Franco. El régimen pidió su detención, orden que se asignó a su padre, a principios de la década de los 70. En ese año, además de tener amistad con Luis Eduardo Aute (que murió el pasado 4 de abril) y Carlos Cano, quienes compartían su ideología, lanzó una bomba molotov contra una sucursal del Banco de Bilbao en protesta por el Juicio de Burgos; eso motivó su exilio obligatorio.

Se fue a París con un pasaporte falso y de ahí se trasladó a Londres. Durante los primeros meses vivió como “squatter” u “okupas; participó en el club de exiliados de Antonio Machado y, para ganarse la vida, cantaba canciones de José Alfredo Jiménez en el metro. Le permitieron regresar a España hasta 1977 (dos años después de la muerte de Franco). Tiempo después empezó a trabajar en el sótano de un café madrileño llamado La Mandrágora.

Inventario, el primer disco de Sabina, salió al mercado en 1978, de ahí siguieron, Malas compañías (1980), Ruleta rusa (1984), Viceversa (1985), Hotel dulce Hotel (1987), Física y química (1992), Yo, mi me, contigo (1996), 19 días y 500 noches (1999), Dímelo en la calle (2002) —en donde incluye el tema “Como un dolor de muelas”, escrito por Sabina, Pancho Varona y el subcomandante Marcos— Vinagre y rosas (2009) y Lo niego todo (2017), entre otros. El cantautor también ha escrito varios libros

Sabina escribe a mano, no sabe de tecnologías, no sabe manejar automóvil, lee muchos periódicos, es un lector asiduo de los clásicos, cita a Borges, a Quevedo, a Vallejo, a García Márquez, a José Emilio Pacheco, a Rulfo, a Vargas Llosa, etcétera. También ama a México y dice que nuestro país “entra por los ojos y por el corazón”. Lleva muy buena amistad con Serrat, con quien ha realizado varias giras.

En definitiva, Joaquín Sabina es un grande de la música que a través de sus canciones ha realizado su primera vocación, escribir. Lleva vendidos más de diez millones de discos y ha estado vigente durante varias generaciones. Incluso los jóvenes como mi hijo entonan sus canciones y citan sus palabras, así que espero que tengamos Sabina para mucho tiempo más, hasta que “al punto final de los finales no le siguen dos puntos suspensivos”.

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